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Difusión Difusa

miércoles, septiembre 17, 2014

el ángel exterminador y el bloqueo creativo

Hace unos días volví a ver El Ángel Exterminador de Buñuel y me di cuenta de que esa parálisis que sienten los invitados a la fiesta y que les impide salir de la sala de música, es muy similar a la que se sufre cuando se tiene bloqueo creativo. Te enfrentas al papel porque quieres contar algo, tienes tiempo de sobra para hacerlo, pero no consigues establecer que es lo que quieres escribir y caes derrotado una y otra vez, sin poder traspasar el umbral.

viernes, noviembre 29, 2013

Suicidio en Facebook

El suicidio de una chica mexicana en Facebook, a principios de este mes de noviembre, del que me enteré por un tuit de @koffer en el que se preguntaba por qué Twitter le tenía que mostrar las dos fotos, para él bastante impactantes, que circulaban por la red sobre el suceso. Yo sólo vi una, la de la chica, aún viva, con una tela anudada al cuello, que ella misma adjuntó a su último mensaje en Facebook. La otra, que no llegué a ver, seguramente porque no me apliqué demasiado en la búsqueda, creo que se correspondía con una imagen tomada justo cuando encontraron el cadáver.

Todo el asunto había despertado, en cuestión de horas, una multitud de comentarios en estas dos redes, me imagino que también en otras que no utilizo. En un primer momento eran de impacto, tanto por el hecho en sí como, y sobre todo, por la decisión de la chica de lanzarlo al aire, no como una amenaza, sino como una llamada de atención sobre un estado de ánimo previo, casi simultaneo, a una decisión personal irrevocable, que llega, por amplificación y rebotes, a cualquier usuario de internet. A continuación y sin solución de continuidad, empezaron a aparecer comentarios macabros y jocosos. Por último, aparecieron los juicios, tanto de la propia acción como de las personas que aprovechaban la ocasión para bromear sobre ella. Adhesiones y burlas. Desde analizar un suceso trágico como una muestra de exhicionismo in extremis a posicionarse en el papel de cualquiera de los implicados en el suceso: ella misma, el novio por el que se sintió traicionada, sus padres, sus amigos, los usuarios de la propia red, etc. para, desde uno de estos roles, juzgar a los demás, tanto en positivo, como en negativo, condenando o absolviendo.

Para mí, la acción de la chica no deja de ser más que un acto expresivo desesperado que tiene la particularidad de que se hace público para todas aquellas personas con las que comparte su perfil, las cuales, recibirán en sus dispositivos móviles alguna señal acústica que les indique la entrada de este último mensaje de adiós y que, si es leido en ese instante, coincidirá con una agonía que no podrán parar aunque traten de evitarla también de manera desesperada. Una vivencia que dejará una huella imborrable y terrible, provocada más por los automatismos de la propia red social que se utiliza que por la propia intencionalidad de la chica.

Creo que, tanto los comentarios en tono de broma como los jucios posteriores, se pueden entender dentro de una estrategia de distanciamiento, que contrasta con el mazazo trágico de la primera impresión pero que resulta común utilizar, para compensar la empatía inicial descontrolada, tan propensa a caer en la anomia, es decir a replantearnos si los códigos, los instrumentos, los fines que nos suministra nuestro sistema social no estarán equivocados y sean ellos los que nos destruyen como individuos o como seres sociales.

Fotograma de MPDG (2013) de Pablo Maqueda
Diez días después me encontré en el Diagonal un enlace a la película "Manic Pixie Dream Girl" que retrata la misma situación y que se rodó hace unos cuantos meses.

Un nuevo problema de perspectivismo: Lo que es real para unos es irreal para otros. Una de las premisas que manejamos con los soportes tecnológicos, como antes se hacía con una hoja o un lienzo en blanco, es que mi mundo interior se puede materializar, por lo menos en parte, en entornos virtuales que, a fin de cuentas, en su mayoría se construyen con pedazos de realidad, lo mismo que la propia realidad en la que vivimos y que no se corresponde con la totalidad de la realidad sino con la suma de nuestras necesidades, intereses, frustraciones e, incluso, con nuestros pequeños logros.

miércoles, junio 19, 2013

Comer en México

Desde que abrió, leo puntualmente cada entrada en el blog del Colectivo Tripa, en el que vida y comida se entremezclan de manera natural, dejando un poso de referencias que nos permiten conocer un poco más a los demás y, de paso, a nosotros mismos.

Para mí, volver a México es poder ir a echarse unos tacos al caer la noche con Radiógeno en El Vilsito o quedar a desayunar con Liza, siempre pasasadas las doce, en el mercado de San Pedro, con jugo y borrego. Me encantan las enchiladas verdes o los chilaquiles caseros, elaborados con las sobras de la fiesta de dos días atrás, pero, todo esto, no quita que siga pensando que, por lo general, en México y, en especial en el DF, se malcome.

Se malcome y parece que siempre se está esperando para seguir malcomiendo. Uno, en un día festivo, no sale a pasear sino que hace tiempo mientras espera a que llegue la próxima comida. Siempre  echando mano de golosinas "matahambres" que van desde, el elote cocido, una mazorca de maíz, a veces desgranado como esquites en un vaso de plástico, hasta el consabido taco, una tortilla de harina de maíz de apariencia grisácea donde se deposita algo de carne y verduras muy troceadas, condimentadas con salsa picante, pasando por la torta, que viene a corresponderse con lo que entendemos aquí por un bocadillo, untado el interior del pan, en una cara, con aguacate y, en la otra, con frijoles refritos y rellena con algún tipo de carne como ingrediente principal (pollo, res o puerco), que puede ser considerada, en mi opnión, la más sana y nutritiva de las opciones cuando se come en la calle.

En las jornadas laborales, uno tiene la sensación  de que, el mexicano medio, no suele comer en casa sino en los restaurantes cercanos al trabajo. Eso, si el poder adquisitivo y el estómago lo permite, porque sino lleva el almuerzo en una lonchera, que viene a ser lo mismo que aquí una fiambrera, el tupper, que decimos ahora.

En general, la que podríamos llamar clase media, apenas cocina y recurre, sobre todo, al microondas y al comal, que, lejos de su origen cerámico, ya no es más que una placa circular de metal que se coloca sobre el fuego y hace funciones de plancha de cocina, pero que se utiliza, apenas, para despacharse una quesadilla rápida.  Eso en casa y, en la calle, se decanta por pequeños locales, de más o menos confianza, sin desdeñar, cuando la prisa y el apetito apremian, los puestos callejeros.

En la calle se venden carnes y vísceras grasientas, bien fritas y aceitadas, que se rocían con salsas picantes para que su ingesta rápida y voraz pueda resultar más suave y sabrosa; también jugos de frutas elaborados a la vista y, por tanto, en condiciones ya de por sí dudosas, las que otorga, a la persona que atiende el puesto, el permanecer toda la jornada sin agua corriente ni un sanitario cerca.

A diferencia de la clase media, que permanece encerrada en su trabajo de 8 a 12 horas, con la usual parada para comer, las clases populares, en cambio, parecen estar siempre en la calle, vendiendo comida, comprándola, inundándolo todo. Según se acerca uno a una boca de metro, empiezan a concentrarse en la banqueta puestos de todo tipo, no sólo de comida, sino de revistas, dvd piratas, fundas y accesorios de celular, etc. Allí contemplas a la gente, agolpada alrededor de los mostradores, de pie con su plato de plástico, engullendo el taco con cuidado para no mancharse la ropa, antes de continuar con sus tareas diarias, hasta que el apetito vuelva y haya que detenerse para matarlo de nuevo.

viernes, junio 14, 2013

El currículo oculto

Sí alguna vez este blog tuvo algo de diario emocional, desde hace varios años, el verdadero diario son los borradores que escribo con frecuencia y no publico, que a veces ni siquiera termino, que se acumulan y que, seguramente, resultará difícil que vuelva a revisar, no ya para tratar de darlos forma, sino para enfrentarme a aquello sobre lo que un día decidí escribir y que, la pereza, el pudor, la autocrítica y la falta de recursos expresivos, me hicieron abandonar a medias en una balda, tan a mano pero, a la vez tan inaccesible de la red.
Inaccesible para todos pero, sobre todo, para mí mismo.

lunes, abril 08, 2013

Comunión vivencial

Hace unos años, en un camión que hacía el trayecto entre Tuxtla y San Cristóbal, nos encontramos a una pareja de gaditanos. La chica se encontraba francamente indispuesta y le dejamos una bolsa de plástico para que pudiera vomitar en ella.

Al bajar del autobús, y después de que se recuperase tras asearse un poco en la estación,  nos tomamos un café con ellos y nos explicaron que andaban haciendo la ruta mexicana de los psicotrópicos. Nos contaron que no les estaba saliendo como habían planeado.

La chica, que se expresaba con un deje andaluz muy marcado, empezó a echarle en cara a su compañero que su manera de ser les estaba arruinando el viaje y que, unos días atrás, a través de un contacto habían quedado para probar, no peyote, sino un hongo alucinógeno, pero advirtiéndoles, que la cantidad de que disponían en ese momento, sólo era suficiente para una persona.

Ella le dijo a él. —No seas tonto, aprovecha tú la experiencia, que ya ves lo que nos están diciendo.
Pero ya saben como resultan ciertos chicos, que por encabezonamiento sentimental son incapaces de razonar, te pongas como te pongas, y él en ningún momento pensó en devolverle el mismo ofrecimiento, para que fuera ella sola la que lo tomase y disfrutase del viaje. Por el contrario se obstinó que no, que no, que él compartiría todo con ella y que estaban viviendo una experiencia conjunta, un viaje de comunión vivencial.
—Y ni qué experiencia, ni comunión —nos contaba muy enfadada—. Por culpa de éste y de su jodido empecinamiento, qué mira que no aprendes, al final, por compartirla, no conseguimos que la dosis nos hiciera ni efecto ni nada. Ni éste ni yo.

La foto del peyote es de @mo_reina dentro de su serie #botanizando

jueves, febrero 28, 2013

Simule, por favor

Tiene mucha miga el artículo, y no sólo por los cancunenses obligados a sonreir.

Al principio, cuando lo lees, también provoca una sonrisa pero habla del drama que se extiende por todo el sistema laboral global.

El "smile please" lo sufre la dependienta de los grandes almacenes, lo sufres en la oficina, lo sufre el free lance, lo sufre hasta la psicóloga que hace el estudio al que se refiere el artículo.

Simule, por favor. Simule que le va mejor de lo que le va, simule que le gusta el trabajo, simule que cobra más de lo realmente le damos. Simule y nos ayudará a mantener este sistema colonial e injusto. Simule y, si puede, robe a los demás sin que se den cuenta.

La foto es de @jimenajimena

martes, febrero 12, 2013

30 años de salsa, 30 años buscando América

Ayer por la mañana me encontré con este vídeo, que Liza había enlazado en su página de facebook, con este comentario "Una joya, Arte puro: lo kitch de la juventud de ambos, la música, los sombreros, las mangas naranjas, pantalones acampanados, el mariachi con partitura en el piano... recuerdos bailables para comenzar el nuevo año lunar..."

Son Willie Colón y Rubén Blades interpretando, en un programa de la tele a finales de los 70, uno de los temas de ese disco tan esencial que es "Siembra".

Para mí Blades, al que realmente  conocí, tres o cuatro años más tarde, a través de Patricia Godes, cuando publicó "Buscando América", representó la puerta de entrada al continente americano, a través de la Nueva York latina y del resto de los artistas de Fania Records, a los ritmos tropicales, al son, a valorar y contextualizar a la Orquesta Platería, y sus versiones de Pedro Navaja o Ligia Elena, o al Gato Pérez, que sí formaban parte del espectro audible que los medios de comunicación ponían a mi disposición al iniciarse los ochenta.

A Liza, la conocí una década después, ya en América, donde comprobé, mientras una y otra vez trataban de enseñarme a bailar, que la música, allí, es inherente a la vida cotiana, a los días de trabajo y a los días de fiesta; y que sabe a lo que sepa el aire, a fuel, a polvo, a tierra mojada, a comida o alcohol; a lo que trasmita el suelo que pisas, ya sea en la calle, la plaza o el salón de baile y que los ruidos del ámbiente, las voces, los chirridos y los roces, son parte de esa música.

Hacía mucho que nadie comentaba este blog, pero por aquí se ha pasado Ignacio para recordarme lo grande que era el combo que formaban Colón y el inimitable Héctor Lavoe, enlazándome a este vídeo de ¿1971?. Sí Ignacio, grandes no, soberbios.

martes, enero 15, 2013

Presente

El sábado estuvimos viendo Las Playas de Agnès de 2008.

Es algo así como un libro de memorias filmado. Una película de memorias. Pero, curiosamente, en lo que incide Agnès Varda, no es en el pasado, sino en el presente.

Ella, de manera recurrente, vuelve de nuevo a los lugares que vivió o que filmó pero, siempre, no como un ejercicio de nostalgia, sino, como una manera de conocer el presente de lo que fue pasado.

Agnès Varda parece no envejecer, ella misma vuelve sobre sus propias imágenes, sobre su propia persona, sobre su propio rostro, y envidiamos su capacidad para vivir el presente. Un presente del que forma parte todo lo que ha vivido, todo lo que ha sentido, todo lo que ha compartido, todo lo que sigue recordando  y todo lo que ya no forma parte del presente porque, olvidado, ha dejado de existir para siempre.

lunes, enero 14, 2013

Pasado

Un día decidimos que alguien forma parte de nuestro pasado, como antes quisimos que entrara a formar parte de nuestro presente.

Lo hacemos nosotros, aunque no queramos reconocerlo. Lo hacen ellos, aunque les cueste admitirlo.

Nos preguntamos que vimos en ellos y el caso es que, si nos detenemos en una reflexión, aunque nos cueste tanto porque nos parezca que hacerlo resulta doloroso o, al menos, molesto, nos damos perfecta cuenta de por qué los aceptamos tan cerca y de por qué, ahora, no sólo nos son indiferentes, sino que los aborrecemos veladamente, por eso mismo: Por representar un pasado que algún día fue nuestro presente.

Ya no me leas. He dejado de leerte.

miércoles, diciembre 19, 2012

Niños

Cuando veo a Rajoy, a Guindos, su ministro de economía, y a tantos otros que salen en la tele; cuando hablo con mi jefe en el trabajo; no consigo ver otra cosa que a las mismas personas que ocuparon el pupitre de al lado en mi clase de primaria.
Niños que no han sido capaces de salir de los razonamientos infantiles que expresaban con orgullo ante un profesor complacido.
Niños incapaces de crecer, de ensanchar la mirada más lejos de las rodillas de su padre y del maestro.
Niños incapaces de explorar por su cuenta mundos tan cercanos pero tan extraños a ellos.
Niños que han seguido una senda que les impedía penetrar en las realidades que complementan la suya.

Esos niños, los tipos que en la clase rehuías, espantado por su cortedad de miras, son hoy los que dirigen tu destino y el de toda la gente.

viernes, octubre 19, 2012

el gesto

Cada vez veo más fotos y, cada vez, escribo y leo menos.

Muchas personas se autorretratan, buscando ese gesto que les hace aparecer atractivos para sí mismas. Se fotografían, una y otra vez, tratando de encontrar, de nuevo, ese gesto que tanto les gusto y tanto les cuesta repetir, por lo que sus galerías se convierten en un fracasado ejercicio de autoafirmación que va desde el posado impostado a la propia caricatura de lo que quieren ser, de lo que les gustaría que los demás vieran en ellos. Mientras, nos bombardean con retratos que se caracterizan, sobre todo, por su ausencia de naturalidad.

A veces, a uno, no ya como fotógrafo, sino como simple observador, como espectador, un gesto le deslumbra y encuentra, en una imagen, un destello de belleza irrepetible que descubre como la mayoría de las personas poseen un atractivo que, en un momento dado, una cámara ha podido captar, muchas veces de la manera más casual, quizás tras una ristra de disparos que luego no será más que fotos que acabarán desechadas.

Si tenemos ocasión, volveremos a mirar a la realidad y ya no veremos nada. El gesto se desvanece. Quizás, nos volvamos a topar con él, y acabaremos sacando la conclusión que la belleza, o la felicidad, debe consistir en ir hilvanando esos gestos y que, las sensaciones negativas, vienen, precisamente, de no saber mirar, de ser incapaz de reconocer esos gestos que pueden durar apenas un instante, pero que nos mantienen alerta e ilusionados para que no se nos escape el siguiente.

Observando gestos, a uno tampoco le resulta difícil reconocer la trayectoría mental del psicópata, que se estanca en el gesto, que se obsesiona con una persona, porque se obsesionó con una fotografía suya, porque se obsesionó por un gesto. Un bucle. Un gesto.

La foto es de drdimira